Daniela Peixoto, en Museo Maritimo de Esposende. Al lado los 'sargaceiros'.

Daniela Peixoto, colaboradora del Museo Maritimo de Esposende: “Los ‘sargaceiros’ son una de las cosas que más llama la atención a nuestros visitantes”

Parafraseando a una escritora, Agustina Bessa-Luís, Esposende tiene dos almas. Una, la del Norte, pescadora y otra, la del Sur, banhista. La pescadora se visibiliza en el Museo Marítimo de Esposende.

El origen está en un viejo barracón de madera que desde 1876 abrigaba el barco-lancha salvavidas, ‘Patrão Rabumba’, que se usaba para acudir a los naufragios de los pescadores y comerciantes. Hasta la década de los 70 del siglo XX la embarcación salvavidas prestó servicio con sus heroicas tripulaciones, que hicieron la diferencia entre la muerte y la vida en el mar de Esposende.

Luego comenzaría a funcionar en su lugar un edificio del Instituto de Socorros a Náufragos de Esposende, inaugurado en 1906, a Estação de Socorros a Náufragos. Más tarde caería en desuso con la consiguiente degradación. Hasta que en 2012 se inaugura en su inmueble el Museo Marítimo.  El edificio alberga una amplia herencia histórica, cultural y sentimental evocando la memoria de la comunidad marítima esposendense.

Daniela Peixoto es colaboradora el Museo Marítimo de Esposende. De familia de pescadores y agricultores hasta sus tatarabuelos, ella no había reparado en estas profundas raíces hasta que comenzó a trabajar en el Museo Marítimo de Esposende. “Antes no sabía…Cuando comencé a trabajar aquí, despertó el interés…Reconocí a mis familiares por las fotografías…y creció mi curiosidad, así como el deseo de trasladar estos conocimientos a otras personas…”.

El Museo Marítimo, con toda la documentación y materiales, es un lugar que despierta sentimientos, aunque uno sea ajeno a Esposende. Subir al torreón del Museo para contemplar las excelentes vistas sobre el estuario y la foz de Esposende, mientras en las paredes de sus escaleras te contemplan cientos de miradas de marineros esposendenses, impresiona y mucho. Son una silenciosa comunidad de pescadores que ahora, felizmente reunidos, evidencian las profundas raíces esponsendenses.

AGRICULTURA

Esta otra alma esposendense tiene como dos caras: el pescador y el agricultor. Están representados en el ‘sargaceiro’, aquellos habitantes de Apúlia, parroquia de Esposende, que buscaban en el mar algo muy diferente al pescado. Esta curiosidad es la que más le gusta a Daniela Peixoto. “Los ‘sargaceiros’ buscaban en el mar el sargazo que utilizaban como fertilizante en sus campos”.

Sargassum es un género de macroalgas planctónicas de la clase Phaeophyceae en el orden Fucales. Las algas, que pueden crecer en varios metros, son pardas o verde negruzcas y diferenciadas en rizoides, estipes y lámina. Algunas especies tienen vesículas llenas de gas para mantenerse a flote y promover la fotosíntesis.

Explica Peixoto que era un trabajo duro. Los sargazos llegaban a la playa en primavera. Los ‘sargaceiros’ debían estar preparados para aprovechar esa marea que se presentaba sin previo aviso y poder recoger esta alga con sus utensilios y vestidos. Su vestimenta para esta tarea incluía un singular gorro, que le protegía del agua salada que resbalaba por su espalda. Éste gorro podría ser una imitación del que llevaba la tripulación de los bacaladeros que pescaban en alta mar.

“El traje de ‘sargaceiro’ es una de las cosas que más llama la atención de nuestros visitantes. Quedan maravillados  y sorprendidos por ese duro trabajo”, afirma Daniela Peixoto.

Como dice el poeta, Pedro Homem de Mello: (…) Apúlia, Apúlia…/Aquí repouso a fronte/Nos flancos estendidos (verdadeiros/ Templos de paz!) tendo por horizonte/As pernas brancas dos meus sargaceiros”.

Además, el Museo tiene mucho que ver. Todas las piezas han sido donadas por los esposendenses. Muchas están marcadas con la señal de la familia a la que pertenecían.  Lo curioso, como explica Daniela, es que se genera un movimiento popular de querer aportar más objetos para enriquecer los fondos de este museo.

Las exposiciones temporales tienen una duración de dos años. Pronto se montará la cuarta en la historia de este museo. La actual es ‘La pesca en el río y mar de Esposende’. “Pretende mostrar el arte de la pesca marítima del Concelho, a la vez que homenaje a los pescadores locales”. Esta enriquecida con los cuadros de tres artistas (Fernando Rosário, Belemino Ribeiro, João de Freitas), con temática relativa a la pesca. La familia Nunes Novo, a través de sus hijas María da Saúde e Isabel, cedieron instrumentos de pesca de su padre Abilio Nunes Novo (conocido por Tio Abilio Cálica).

De la Delegación Marítima de Esposende, salen cifras que dan una idea de la magnitud de la dedicación marítima de las gentes de este territorio. Entre 1893 y 1962, se registraron 2.906 ‘marítimos’ (pescadores, los embarcados que andaban a bordo de los navíos y los labradores pescadores); entre 1893 y 1957, se registraron 1.870 embarciones de pesca y 954 nuevas embarcaciones.

Con este afán de registrar para la memoria futura, la exposición ahondó en las comunidades de pescadores de las parroquias de Apúlia, Esposende, Fão y Fonte Boa.

Daniela Peixoto invita a visitar el Museo Marítimo de Esposende por “la localización del edificio, por sus riquísimos fondos museísticos, por su exposiciones temporales y por las vistas sobre el estuario y foz de Esposende desde su torreón”.

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