Diego Ríos en la tienda de Granbazán con un Veigalobos en su copa. © ROBERTO LEDO.

Diego Ríos, enólogo de la bodega Granbazán: “Soy un tipo joven con un alma muy vieja y me gusta mucho la tradición”

Su acento lo delata. “Claro, gallego no soy. Soy chileno”. El enólogo de Granbazán, Diego Ríos, nació en Santiago de Chile (1987), donde estudio viticultura y enología. “Tras mi carrera, ya decidí enfocarme en [vinos] blancos y por eso me trasladé a Alemania.

Allí Ríos hizo “lo fuerte” de su carrera, trabajando en una bodega familiar y pequeñita en el valle del Mosela, explica. “Se trata de una bodega de mucha reputación a nivel internacional y me abrió un mundo…Representando a esa bodega, viajé por el mundo. Australia, Israel…a miles de sitios representando la marca”.

Aquel joven chileno que había comenzado en la bodega del valle del Mosela, en el sudoeste de Alemania,  como un estudiante en prácticas, llegó a ser el encargado de los viñedos y de la bodega. Su trayectoria fue de siete años en los que desarrollo nuevas habilidades, como la comunicación u otras que no son las estrictamente técnicas.

Diego Ríos en la tienda de Granbazán con un Veigalobos en su copa. © ROBERTO LEDO.

Y a través de esta bodega conoce al dueño actual de Granbazán, Pedro Martínez. “A partir de aquí iniciamos una relación bastante fraternal. El preguntaba mi opinión sobre los blancos…Pedro estaba buscando invertir en una bodega de blancos en muchas partes…que no eran Galicia. En un momento dado, le di mi punto de vista…sobre distintas inversiones” Más tarde, Pedro Martínez compra de Granbazán, una bodega de la DO Rías Baixas que fundó la familia Otero. Corría entonces el año 2017.

Ríos llegó en 2019. Pedro Martínez apostó por el chileno que ahora ya cuenta por vendimias y este próximo septiembre será su tercera. Diego tiene en su cabeza toda la historia de Granbazán desde sus comienzos y hay temas en los que dice que sigue profundizando.

Manuel Otero pertenecía a una familia vinculada con el sector conservero que quería saltar a otro negocio distinto pero que mantuviese la identidad gallega, la identidad del territorio y la palabra Albariño fue la respuesta con Granbazán que inicia su andadura en 1981. En los 80′, Granbazán ya era una de la bodegas de referencia en la recién creada DO Rías Baixas. Otero fue el impulsor y defensor de la crianza del Albariño en barrica, a lo que se plegaría la DO. A principios de 2000 Granbazán pasa por un periodo difícil por diversas circunstancias referentes a la familia y se decide vender la bodega en 2017.

Diego Ríos cata un Veigalobos, el último vino de lo nuevo de Grannazán. © ROBERTO LEDO.

Pedro Martínez compra Granbazán. Los Martínez vienen del mundo de la farmacia. Pedro, “persona inquieta” –describe Ríos- y a quién siempre le gusta ir a más, buscaba un negocio que entendiera relativamente rápido. “Erudito”, incansable lector sobre dos temas: perros y vinos, decide dar el salto al mundo del vino y en el año 2007 compra su primera bodega en la Rioja Alavesa, Baigorri. Allí compró una bodega con un edificio premio de arquitectura. Las innovadoras instalaciones consiguen que el vino se mueva por procesos gravitacionales sin necesidad de bombearlo.

Diez años después, en 2017, decide invertir en una bodega de Blancos y compra a los Otero Granbazán. Contextualiza Diego Ríos: “Galicia en los últimos diez años, a nivel internacional, es muy competitiva en mercados como América, Centroamérica y el Caribe y en el buen momento de la Denominación de Origen Rías Baixas”.

Zona de barricas y colección de alambiques.

El enólogo es testigo de que la transición de una empresa  a la otra se ha hecho de forma exquisita: “Se ha respetado mucho el estilo de la casa (bodega). Es muy particular y funciona muy bien en el mercado”.  

Aun “con el nuevo dueño y un enólogo también nuevo, el estilo de Granbazán se ha mantenido, como la estética de la etiqueta o la forma de la botella. Hemos tendido a preservar, lo máximo posible, la idea fundacional de Granbazán”. Ríos ejemplifica con el Etiqueta ámbar: “está muy bien posicionado en el mercado y ha sido uno de los Albariños de referencia de toda la historia de Rías Baixas”.

TREMOEDO

La Finca Tremoedo es la joya de Gran Bazán. “Somos una de las pocas bodegas en la DO que tiene la suerte de tener un territorio amplio para la plantación inmediato a la bodega. Desde que se corta la uva hasta que llega a nuestras instalaciones transcurre un periodo de tiempo muy corto”. Granbazán cuenta, así, con 15  hectáreas de viñedo a las que acaban de sumar 5 más que está comenzando a plantar.

Zona para catas en las visitas enoturísticas a Granbazán.

Ríos tiene asumido el minifundismo gallego y cuenta con él. “Tenemos la suerte de trabajar casi con las mismas familias, los mismo contratos, desde hace más de 30 años. Son 80 familias, de las cuales el 90% son de la comarca de O Salnés. El resto son de la comarca de O Condado y del Ulla. Por tanto, la bodega recibe uva de las cinco subzonas de la DO Rías Baixas.

MONOVARIETALES

“Esta ha sido siempre una bodega muy purista en cuanto al Albariño y nosotros seguimos haciendo lo mismo”, describe Diego. Aunque en 2020 han hecho una primera experiencia con tintos, con una mezcla de variedades gallegas, “y estamos sorprendidos con el resultado. Posiblemente en el futuro también queramos estar en ese mundo y ver qué pasa con los tintos gallegos de la DO Rías Baixas”. Y añade, por si quedara lugar a dudas,  “el nuevo y el clásico portafolios de la bodega es cien por cien de Albariño”.

PREMIOS

En 2020, primera añada con Diego Ríos al frente como enólogo, fue un buen año de premios para la bodega Granbazán. La Asociación de Catadores Españoles concedió el Gran Baco de Oro para el albariño Granbazán Etiqueta Ámbar del 19. Después, Limousin del 17 fue elegido como mejor blanco de España por la International Wine Challenge, un prestigioso concurso en el que todos los del panel de cata son Master of wine.

Diego llegó a Granbazán en 2019 y como tal como dice va camino de su tercera vendimia.
© ROBERTO LEDO.

“Estoy muy contento. Desde que se compró la bodega, en 2017, hemos tenido la suerte de tener muchos reconocimientos por tener los vinos en los canales en los que se distribuye muy bien aceptados”.

Granbazán no deja de abrir mercados para el Albariño en Tailandia, Israel…”Estamos llegando a otros horizontes en los que quizá antes no se pensó”, precisa Ríos.

El portafolios de Granbazán comienza con el Etiqueta Verde. “Es la primera etapa de lo que hacemos con el Albariño, es un ‘cuvée’ de más de 100 parcelas de Rías Baixas. Es un vino clásico de Granbazán. Tiene mucho nervio. Es de una dirección. Tiene notas de cítricos y fruta blanca y algo floral. Con las notas clásicas del Albariño”.

Nueva elaboración un espumoso que todavía no tiene nombre. © ROBERTO LEDO.

El Etiqueta Ámbar “es un vino más elaborado. Sale al mercado a comienzos de verano. Se seleccionan las partidas de uva. Terminada la fermentación, se hace un trabajo de lías”.

El Etiqueta verde “es un vino muy vertical” frente al Etiqueta Ámbar que tiene “más horizontalidad, se le da más músculo, con un poquito más de paladar. Un Albariño joven pero más gourmet. Así armoniza con platos de más concentración, un poco más grasos”.

PREMIUM

En la línea Premium, Granbazán comercializa el Limousin. “Es un vino que en el último tercio de la fermentación lo bajan a la barrica y, una vez que termina el proceso fermentativo, se queda en ésta. Aquí pasa 4 o 5 meses donde empezamos a probar y a decidir cuándo sale de la barrica. La idea es que la madera le aporte un extra de complejidad que permita abarcar otro tipo de platos, sin perder su identidad de Albariño, como es ser fresco, fructuoso, expresivo con nervio. No queremos hacer un vino maderoso ni empalagoso. Es muy fina la línea…, por lo que hay que estar muy encima”.

Ríos siempre se interesó por los blancos y en Alemania oyó hablar de los Rías Baixas, vinos “con nervio”, como suele decir. © ROBERTO LEDO.

La cabecera del portafolios, D. Álvaro de Bazán. “Estamos a punto de lanzar la nueva añada. Es un vino que no hacemos todos los años, sino aquellos en los que estamos absolutamente convencidos de la calidad, como fue la añada de 2015 que estamos comercializando en la actualidad. Ahora pasamos a la añada 2018 que va a salir a principios del verano”.

“D. Álvaro es una intervención muy minimalista porque se trata de uva procedente de la punta de una colina de detrás de la bodega, donde la parra lucha un poquito más por expresar el vigor característico del Albariño. Está un poquito más retenida. Lo que hacemos es vinificar esto por separado y darle luego un proceso de maceración. Terminada la maceración, el vino, antes de ser embotellado,  está 24 meses, mínimo, sobre lías antes de ir a la botella. D. Álvaro es un estilo muy purista y clásico del Albariño, pero muy complejo”.

LO NUEVO DE GRANBAZÁN

Veigalobos es lo nuevo de la bodega Granbazán.  “Es bastante distinto. Se hizo un proceso de maceración, aún más largo en presencia de nieve carbónica. El vino estuvo macerándose durante 4 o 5 días. La nieve carbónica se va sublimando y la presión de la pasta va soltando un poco de jugo. El mosto fue extrayéndose muy lentamente, durante días. Hasta que comienza el proceso fermentativo, en que ponemos parte de los hollejos y de las pepitas en contacto con el mosto para fermentar. La idea es potenciar al máximo la extracción de aromas, compuestos policenómicos, extracción de estructura en boca…Luego va estar un periodo de 26 meses sobre lías. No ya en contacto con los hollejos. Terminado el proceso fermentativo, se retiró sólo el líquido y luego quedó sobre sus lías finas por un periodo de 26 meses”.

La zona principal de la bodega modernizada por la actual propiedad. © ROBERTO LEDO.

Y añade: “Es un vino [el Veigalobos]absolutamente distinto y novedoso. Es la primera vez que lo hacemos y estamos ahora lazándolo y viendo cómo es recibido”.

El Veigalobos “es expresivo, redondo, en boca más cremoso. No tiene el filo y la tensión de un Albariño joven, de un Albariño de nuestra línea clásica. Es un vino más para comer. Vuelve a recordar a la grasa. En nariz es más terténico y recuerda variedades como los moscateles, al potenciar mucho esa nota floral. No lleva nada de madera. Solo está en sus lías. Es muy complejo en boca”.

“Veigalobos es una cara novedosa de la variedad Albariño y que esperamos venga para quedarse”, resume Ríos.

GALICIA CALIDADE

“Somos nuevos en el grupo Galicia Calidade y estamos muy contentos. Lo primero que llama la atención es por qué participar de este club. Primero porque hay toda una acción de promoción tanto a nivel nacional como internacional. El prestigio que tiene Galicia Calidade a nivel nacional y, sobre todo, la acción de llevar productos gallegos a nivel internacional. Nosotros, como bodega Rías Baixas, quisimos ser parte de la acción y abrir con Galicia Calidade nuevos canales  de comunicación para llevar el producto gallego al extranjero y a toda España”.

VINO GALLEGO

Diego Ríos tiene una visión internacional del panorama de los vinos. Trabajando en Alemania con blancos, en 2012, muy poco había oído sobre los vinos gallegos en Europa. Avanzando en su carrera conoció Rías Baixas, como Pazo de Señoráns, Granbazán o Terras Gauda. Cuando se vino para Galicia, en 2018, ya sus colegas enólogos conocían perfectamente a dónde venía y cómo son nuestro vinos. Desde que los conoce, Diego Ríos siente esa atracción, esa curiosidad por los “vinos de este rincón de España” que es Galicia.

“Sí, veo un gran futuro  [para el vino gallego], pero me gustaría que hubiese un consenso de todas las bodegas de la DO sobre ciertos estándares de calidad”. Para Ríos, después de la contraetiqueta, lo que pesa es el nombre de la bodega. Por eso, está muy de la mano de ésta hacer todo lo posible para preservar la calidad del vino gallego.

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