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Manuel Caldeiro Seoane, voluntario de Cruz Roja y Protección civil, en Portonovo.

Manuel Caldeiro Seoane, voluntario de Cruz Roja y Protección Civil: “Ayudar a los demás te llena y se convierte en una droga”

“Angrois me quitó el sueño”, confiesa, mientras recuerda lo vivido. Admite que ha arriesgado su vida en varias ocasiones durante estos casi 20 años de voluntario. Manuel Caldeiro cree que para que un joven discierna su posible vocación de voluntario “tiene que tener cariño por la vida”. Con su familia comparte algo de sus actividades. Quizá por esos sus dos hijas ya tienen dentro el gusanillo del voluntariado y “son kamikaces como yo”.  Este betanceiro, de 51 años, asegura que su villa es un lugar tranquilo, mucho más que A Coruña. Claro que en las fiestas como ‘Os caneiros’ la gente se desmadra mucho.

“Siempre deseé ayudar. Es algo que llevas dentro. Es una gran satisfacción ver a la gente mejorar gracias al servicio prestado”, dice con sinceridad Manuel. DL-G habla con él, en entrevista exclusiva, en Portonovo

Su vocación nació a raíz de un problema que tuvo con una de sus hijas y gracias a que actuó pronto no se derivaron mayores consecuencias. “Fue entonces cuando decidí entrar en el cuerpo de Primeros Auxilios y conocer mejor el cuerpo humano”.

“Cuando tienes una intervención ayudando a un semejante, y le ves paseando al día siguiente por la calle como si nada, concluyes: hice un buen trabajo”

Manuel ha comprobado la satisfacción de ayudar a los demás. “Cuando tienes una intervención ayudando a un semejante, y le ves paseando al día siguiente por la calle como si nada, concluyes: hice un buen trabajo”. Lo mismo ocurre vigilando una fiesta aunque en ese evento no pase nada especial, “pero tú estás allí con la ambulancia por si ocurre cualquier emergencia, para mí esto genera ya una autocomplacencia”.

Caldeiro Seoane vive esto “desde hace muchos años. Empecé en Cruz Roja hace 19 años, la edad de mi hija mayor”. Conductor de ambulancia-técnico sanitario, Manuel realizó los cursos pertinentes y participó en competiciones como el FACE. “En 2009, Cruz Roja de A Coruña participó en el campeonato de España y quedamos campeones de Primeros Auxilios Aplicados con ambulancia”, recuerda.

“Esto te prepara para el mundo de la emergencia” Por eso su otro cuerpo de servicio es Protección civil. Y ahí lo tenemos gastando su tiempo libre en esta noble tarea los fines de semana.

ACCIÓN

Manuel comparte su tiempo libre con ambos cuerpos. Aunque le gusta más Protección civil “porque hay más acción”, dice. En Cruz Roja conduce la ambulancia, traslada a una persona a un lugar…”. En Protección civil hay más acción, abarca mucho más y por tanto llena más hasta el punto de que se convierte en una droga”

“A veces nos llaman porque arde un olla en la vitrocerámica…Resolver cosas como estas hace que te sientas realizado como voluntario”.

Caldeiro valora del voluntariado, sobre todo, la formación que se recibe. Y subraya que esto te empuja a asistir a cursos, estudiar sobre Primeros auxilios desde conocimiento del cuerpo humano hasta manejar una ambulancia, saber de telecomunicaciones, perfeccionar la conducción de vehículos…que todo esto luego repercute en la vida civil y se sabe resolver muchos problemas.

Él está enamorado de la cantidad de situaciones de emergencia que se encuentra como voluntario en Protección civil: incendios urbanos y forestales. “A veces nos llaman porque arde un olla en la vitrocerámica…Resolver cosas como estas hace que te sientas realizado como voluntario”.

Esta singular vocación al voluntariado la explica así: “Si la llevas dentro, puedes echar muchos años. Si lo haces por querer probar, no te va a funcionar. Se necesita constancia para estudiar, has de dedicar los fines de semana a ayudar y esto te resta mucho tiempo libre. Pero si inviertes en esto tu tiempo, verás que es una ocasión para poner en práctica lo que te han enseñado”.

FAMILIA

Este betanceiro admite que, de alguna forma, la vida familiar se resiente. Aunque hay que saber suplir con un tiempo de más calidad de lunes a viernes la convivencia familiar. Es más, admite que, en ocasiones, es compatible llevar a la familia a algunos eventos, como el globo de Betanzos, y tenerlos cerca aunque uno esté de servicio. Entonces, “estás con ellos y no estás con ellos. Conjugas ambas cosas”. En resumen se las arregla para que comprendan que los fines de semana él se dedica a ayudar a otras personas.

“A veces somos un poco temerarios”.

El rescate de Angrois le quitó el sueño. No por los fallecimientos porque está acostumbrado a recoger cadáveres, sino por lo repetitivo del trabajo. “Fue muy pesado y muchas horas”. Razona que en otros servicios haces lo que tienes que hacer y se acaba. Allí no fue así. Incluso luego tuvo que recurrir a la ayuda de un psicólogo. Esto sucede en el equipo cuando pasa algo muy gordo para poder sobrellevarlo.

Este voluntario, por otra parte, conviene con el entrevistador en que el ser humano es muchas veces imprudente y los voluntarios, admite, también pueden ser temerarios. Eso se demuestra cuando realizan algunos servicios y uno se pregunta cómo esa persona pudo acabar allí. Luego viene la asunción del riesgo por parte de los rescatadores…En las reuniones posteriores para analizar un rescate aparecen otras formas de hacerlo de forma más segura, aunque la forma empleada tuvo éxito. “A veces somos un poco temerarios”, concluye.

VELEUTINA

Su tarea llega hasta combatir la afamada avista asiática, la veleutina. “Estamos locos localizando sus nidos y eliminando todos los que podemos. Para ello tenemos varios dispositivos que hemos ido mejorando con el tiempo”.

Siempre actúa con un traje especial para evitar las temidas picaduras, más peligrosas que las de nuestras avispas. Se valen de un espray para matarlas en los nidos con los que, según el tamaño, se actúa de una manera u otra. Cuando tienen tamaño de pelota de tenis, se pueden eliminar a mano. Cuando ya son como balones de fútbol, se utiliza una pértiga que lleva un tipo de petardo que meten en el nido y lo explosionan. Se crea una onda expansiva, desintegrándose el nido y muriendo todas sus ocupantes.

Pero esta pelea es incierta ya que se van descubriendo cosas como que son hermafroditas y por lo tanto aunque se mate a la reina no se elimina la colmena. Otra novedad es que ya se han descubierto nidos subterráneos.

“Evolucionan de una manera que es difícil de entender…Y van más rápido que nosotros”, concluye.

RIESGO

Manuel Caldeiro es consciente de que ha arriesgado su vida en más de una ocasión a cambio de…casi nada. “Siempre arriesgamos dentro de nuestro conocimiento…”. Piensa: “Hasta aquí es peligroso. ¿Tengo los medios para protegerme? Sí. Lo hago; No. Espero”.

BETANZOS

Los miembros de Protección civil en Betanzos son 20 y los de Cruz Roja 40 porque además de emergencias se dedican a Servicios sociales. “Betanzos es una villa en la cual el voluntariado tiene ‘mucha miga’. Somos un grupo unido. Aunque somos dos cuerpos distintos, trabajamos bien en conjunto. Nos apoyamos mutuamente”, opina Caldeiro.

“Betanzos es una villa tranquila si la comparas con A Coruña. Solo en los días de fiesta…por ejemplo en Os Caneiros es terrible”, dice.

PANDEMIA

En la actual situación de pandemia le toca con sus compañeros fumigar las calles, limpiar los colegios, higienizar los lugares públicos…O prestar ayuda a personas que no pueden salir de sus casas a comprar ayudándoles haciendo la compra. Otras veces hay que desplazar a una persona utilizando un vehículo descontaminado para que no tenga que llevar el suyo.

Entrevista de DL-G íntegra.

JÓVENES

Para que en un joven prenda la vocación al voluntariado, Manuel describe señas de idoneidad: “Tiene que tener cariño por la vida. Que le guste la vida y que le guste ver el brillo en la mirada de la persona que está siendo ayudada. Esto es lo que yo siento. Entonces si ese joven ve que ayudando se siente satisfecho, adelante. Es que eso es lo suyo”.

FAMILIA

Con la familia este voluntario ha compartido una parte de su tarea. “Mis hijas son, por desgracia, kamikaces como yo. Y llevan en la sangre ayudar a otros. Han venido conmigo a muchos lugares. Yo les enseño todo lo que hago y aprendo, como escalada, buceo…Les inculco los ideales del voluntariado y les está gustando mucho. De esta manera, se forma una nueva generación para que un día nos sustituyan en esta tarea altruista. Mi mujer también siempre estuvo de acuerdo porque veía que yo ayudaba y que me sentía plenamente realizado. Cuando no es así, la familia pone trabas porque no percibe que te gusta lo que estás haciendo”.

AÑO

Este 2020, para Manuel Caldeiro, debe acabarse “tranquilamente, tal como se está desarrollando hasta ahora. El próximo año ya disfrutaremos más del tiempo libre. Tendremos tiempo para fiestas…Las personas deben tranquilizarse en la situación actual. Paciencia es lo que se necesita y no tener tanto miedo”.

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