María del Himalaya, en Vigo, el pasado mes de febrero, en el colegio san José de Cluny.

María del Himalaya, conversa al catolicismo: “Nosotros no convencemos ni convertimos a nadie”

Casi nadie la conoce ya por Amaya Martínez Gómez (Baracaldo, 1973). La que fuera enfermera en una clínica abortiva y después fisioterapeuta era una mujer alejada de la Iglesia católica, tanto es así que estuvo a punto de apostatar. Anticlerical, pro aborto, feminista, pro divorcio y anti todo lo que hubiera de venir de la Iglesia Católica. Como buena vasca, era más que aficionada al alpinismo hasta hacer cumbre en el Himalaya. Participaba en Ultra trails de 120 kilómetros por toda España. Ahora se define como “una conversa”. En Nepal encontró a Dios y cambió su vida, tanto es así que ahora es María del Himalaya, un nombre para su nueva misión.

Diario Luso-Galaico la entrevista en Vigo, en el colegio san José de Cluny, antes de dar su testimonio ante unas 100 personas en la capilla del colegio. Días después haría lo mismo en algún colegio y parroquias gallegas. Sus palabras durante la entrevista hay que entenderlas desde la fe, desde una visión sobrenatural de la vida.

María del Himalaya –ya que Amaya Martínez, como dice, ‘murió’ en Nepal- a la pregunta de qué hace en Vigo, contesta, quizá un poco displicente, “a mí también me gustaría saberlo. Se lo preguntamos al Espíritu Santo qué hago aquí. Pues lo que me lleva a otras ciudades de España y del mundo. Hablar de Dios y hablar de la Verdad, del Amor, de la Misericordia, del Perdón…en estos tiempos en los que se habla de muchas otras cosas que no tienen nada que ver con…Hablar también a favor de la vida y contar mi testimonio de vida que es contracorriente al mundo. ¡Es maravilloso!”

LA GENTE

Lo cierto es que la gente acude a escucharla. ¿Por qué? “No tengo ni idea. No me lo planteo en absoluto. Yo acudo al lugar. Me encargo de mi parte, oración y ayuno. Ahora que estamos en Cuaresma, ayuno y penitencia, voy a dónde me lleva el Señor. Él habla y nos vamos a otro sitio. Él obra y hace. ¡Yo, no!

María plantea su vida como instrumento de Dios…

“La verdad es que no pierdo el tiempo planteándome por qué viene la gente. No me interesa. Además, se corre un riesgo…me llevaría a hacer un juicio. Y a la Virgen no le agradan los juicios. El Señor sabe por qué vienen y el motivo por el que los trae es cosa de Él y de cada uno de los que vienen. ¡Mío, no!”.

El punto de partida de su ‘nueva vida’, más que su conversión en un convento de la Madre Teresa de Calcuta de Katmandú, Nepal, está, según precisa, en un vídeo del 15 de mayo de 2019, en el que cuenta su conversión.  

A partir de ese momento se dedica a “viajar mucho. La verdad es que tengo una misión, una mirada misionera. Y a viajar a dónde Él [Dios] decide que tengo que ir o a dónde la Virgen decide que vaya. ¡Y ahí voy! ¡Yo no me preocupo! Yo no me pongo en contacto con nadie. Es la gente la que se pone en contacto conmigo. Es la gente la que desea oír mi testimonio porque cree que puede ser bueno para los que lo escuchan. Desde directores de colegios, en los que una profesora hace llegar a la dirección…Les gusta y quieren presentar otro camino. Un camino de Esperanza, un camino de Luz, un camino de Amor. La verdad es que en estos tiempos de oscuridad…de mucha luz, de alegría…y por eso voy a distintos lugares”.

Y añade: “A los sitios a los que viajo, ¿es de cualquier manera? ¡Pues, no! Las personas que me llevan lo han puesto previamente en oración. Es lo que pido. Que entiendan que no es un empeño suyo, sino que la Virgen está preparando sus corazones para recibir el mensaje. A veces estoy en sitios donde me recibe una pequeña comunidad. ¡Es maravilloso! Otras estoy en lugares con 5.000 personas. ¡Pues también es maravilloso! Para mí todo es maravilloso porque todo viene de la mano de Dios. Todo lo que viene de Dios es maravilloso”.

Hasta aquí podríamos pensar que María del Himalaya es una especie de ‘francotiradora’ en la Iglesia Católica…Ella se ríe sorprendida y con ganas. Se le ve más a gusto en las contestaciones. Siempre muy sobrenaturales y quizá algo difíciles de comprender para una persona sin fe.

“María del Himalaya es la sierva inútil en las manos del Señor. Madre Teresa de Calcuta decía que era el lapicero del que se valía el Señor para escribir. Yo me conformaría con ser la punta de ese lapicero de la que se sirve el Señor para escribir obras maestras y transformarlas. Soy solamente una resucitada en medio de este mundo”.

Por su atuendo, por ese tono tan sobrenatural, en la forma y en el fondo,  se podría pensar que pertenece a una congregación religiosa. A la pregunta, salta rápida y echa en cara el afán de etiquetar a las personas.

“Soy una mujer casada, consagrada a su esposo, aunque no esté conmigo. Con una vocación con la que nací; que Dios quiso ponerla así en mi corazón. Vocación matrimonial a mi esposo con quien por el sacramento del Matrimonio quedé unida y que se sigue manteniendo como lo que es, una alianza de amor. Y yo me encargo de esa parte de alimentar ese amor, obteniéndolo de Jesús”.

“Esa es mi vocación –dice muy segura de sí misma-. La sigo ejerciendo aunque no esté físicamente con mi esposo. Le amo inmensamente. Y todo ese amor, se desarrolla también en los hermanos, ahí donde el Señor me lleva. Y esa es la vocación. Una vocación matrimonial con lo cual soy laica viviendo ahora mismo una situación extraordinaria porque Dios lo ha querido así. Por eso me siento muy afortunada. En lugar de llevarme al Congo, qué mejor sitio para evangelizar que mi país, donde una se da cuenta que estamos peor. Entonces, ¡qué mejor misión en estos tiempos que la de mi propio país, hasta con tu propia familia! Así desarrollo mi vocación que sigue siendo la misma, que no cambió. El Señor no cambió mi vocación. Soy de vocación matrimonial. Soy esposa. Pero en unas circunstancias extraordinarias me encarga contar al mundo cuanto hizo conmigo para salvarme”. Y alude al pasaje de los leprosos curados de los que tan solo uno vuelve a agradecer la curación.

Asombra cómo esta mujer conoce la Sagrada Escritura, el Nuevo Testamento y cómo maneja sus citas, teniendo en cuenta el poco tiempo desde su conversión. ¡Quizá sea un don sobrenatural! El caso es que dice que ese leproso volvió para besar los pies de Jesús además de darle gracias por el milagro. Y toma pie María del Himalaya para hacer un símil.

“Yo besé sus pies y le di las gracias. Le pregunté cómo podría darle las gracias de verdad. Y Él [Jesús] empezó a decir: Bien, tengo una forma. ¿Estás dispuesta?”. Y añade: “Yo lo que hago es entregarle siempre mi sí. Aunque no me apetezca, le digo que sí. No quiero, pero le digo que sí. Querría…,pero le digo que sí a Él, obedecer. Entonces esa es la misma vocación”.

CONVERSIÓN

Otra pregunta es para saber cómo los católicos tienen que conseguir más conversiones. María nos remite a la Virgen. “Tal como lo dice la Virgen María…Ahora venía leyendo lo que le dijo a Sor Lúcia en Fátima y es el mismo mensaje que está repitiendo en Medjugorje, en esas catequesis extraordinarias: oración, oración, oración; estado de gracia; alabanza y adoración a su Hijo; sacramentos. ¡Esto para los cristianos!”

“¿Qué se puede hacer en medio de este mundo para que todos los que se han perdido como yo que estuve perdida…? Orar. Nosotros no convencemos ni convertimos a nadie. Solo somos testigos y damos testimonio. Pero para poder dar ese testimonio, hay que estar lleno de Amor de Dios. Y eso solo se consigue en una comunión íntima con Él. Y eso lo da la oración. Sin oración, nada de esto es posible. Sin sacrificio personal; sin penitencia…y sin hablar de la Verdad y en la sabiduría de Cristo…Hay que volver a la Palabra. Si te dejas y abandonas confiadamente en sus manos, Él lo hace todo. Yo por mí misma no puedo nada, pero con la gracia de Jesús y con Él lo puedo todo. Porque Él lo quiere todo”.

Y a renglón seguido se pregunta: “¿Cómo hacemos que otros vuelvan a casa? Orando nosotros. No tenemos que ir a convencer a nadie. Pero tenemos que ser una muestra, en medio del mundo, de que es coherente nuestra vida con nuestra fe. Nuestras obras tienen que ser el reflejo de nuestra fe. Tenemos que brillar”.

MATRIMONIO

No quiere dar consejos a otros matrimonios, dice. “No se me ocurriría. Solo podría hablar de mi experiencia porque yo he perdido a mi familia. Lo he perdido [mi marido] porque Satanás entró y el pecado lo destruyó. La Virgen de Fátima ya habló a sor Lúcia de que, en los tiempos finales, Satanás destruirá con mayor crueldad a la familia. Y creo que es muy evidente en los tiempos en los que estamos. Entonces, el Cielo está llorando mucho, ¿verdad? No, no me atrevería a dar ningún consejo”.

Pero, dice, “excepto este: Escuchad lo que dice la Virgen María. Eso me puse a hacer yo. Le pregunté: ¿Qué hago yo ahora, Madre, que soy consciente de lo que he hecho y por lo que me dejé arrastrar…? Y lo primero que empecé a hacer y sigo haciendo es reparar. Comencé a rezar para reparar el daño que había hecho a su Inmaculado Corazón. Una vez que empecé a reparar en la oración  fui escuchando lo que Ella quería…Ella quería que viviera la virtud. ¿Qué quiere de todos? Que vivamos en la virtud”.

“Cuando los esposos están todavía juntos y no han sido destruidos, lo principal es que no hay matrimonio que se destruya, si reza el santo Rosario. La familia que reza junta, o al menos uno de sus miembros reza el santo Rosario a la Virgen, en esa familia no entra el demonio. Y no lo digo yo…Esta es una forma de reparar en estos tiempos. Volver a la oración. Dejar de mirar al móvil, a la televisión…Poneos a rezar y a suplicar esa protección extraordinaria de la Virgen para la familia. Si no, es fácil que Satanás entre y se lo lleve todo por delante. Es como un tsunami que arrolla, destroza y destruye”.

“Una vez que es destrozado porque cada uno ha decidido llevar a cabo su egoísmo o sus deseos personales, lo que queda es lo que está pidiendo…Y pasa porque, uno de los dos obedece, porque está en la verdad y está empeñado en descubrirla, y decide quedarse a los pies de la Cruz. Espera y no hace nada. Solo está atento. Permite al Señor que primero sane sus heridas y luego empiece a escuchar: queda quieto, repara lo que habéis hecho los dos y pídeme que también convierta a tu esposo o a tu esposa”.

Menudo itinerario el que describe María del Himalaya. ¿Ascética o mística? Parece, en parte, su propia historia. Y sigue: “Si es que se ha ido o los dos lo habéis querido de mutuo acuerdo –increíblemente bajo el engaño del mal-; que eso era lo correcto…Pero tú puedes hacer lo que dice el Señor: Yo puedo restaurar las familias, deseo hacerlo, pero exige que uno se quede en confianza y en oración. Si uno solo salva su alma, la salva no solamente Él sino toda su familia”.

“Ahora, cuando el matrimonio está junto, diría que pidan al Señor que crucifiquen su yo y su ego. Amar incondicionalmente significa no tener un yo ni un ego sino donarse uno al otro. Eso al final es amor”.

LA MUJER

“El papel de la mujer cristiana o católica –contesta- es fundamental. Tiene que ser de más brillo en el mundo que nunca, de más luz. Yo lo he dicho muchas veces: no me siento más feminista antes que ahora. Tengo claro quién es mi referente, la Virgen María. Sigo sus virtudes, ese valor extraordinario de esa jovencita de 16 años –no tendría más-. La miro y medito cómo fue capaz de decir que sí. Lo primero que empecé a sentir de Ella es la Libertad en la que habitaba esa mujer. ¡Es increíble! Era libre porque sólo confiaba en Dios. Sabía que todo iba a ir bien”.

“Ahora mismo la mujer se esclaviza a lo que dice el mundo que da la libertad y nos vemos encadenados a cosas del mundo. Esto también es parte de mi testimonio. En el fondo todas deseamos lo mismo: que nos traten con respeto, tener un papel…”.

“Yo suelo decir que no tengo que actuar para el reconocimiento de ningún hombre de la tierra ni de ninguna mujer. Yo solo obro para que el reconocimiento me venga de mi Padre del Cielo, que es Dios. Solo busco su reconocimiento. Ahí sé que no me equivoco. Porque cuando tengo su reconocimiento, también sé que estaré siendo reconocida por los hombres justos de Dios. ¡No necesito nada más!”

María del Himalaya cree “en la fortaleza de la mujer. Está en ser mujer en medio del mundo. Con más fuerza que nunca. Apostando por el don de la vida. Que es ser vida, ahí donde pisemos. Llevar vida, generosidad, ilusión, tender puentes de paz, de perdón, de amor. ¡Esa es la verdadera libertad! No solo para nosotros. Otorgaremos esa libertad a todo lo que nos rodea”.

Para terminar, un mensaje para los lectores de DL-G. Ella se apoya en el lema del periódico: ‘El periódico que mejor une Galicia con Portugal’. “Creo que hay un puente extraordinario entre Portugal y España. Creo que ese puente es las manos tendidas y abiertas de la Virgen bajo la advocación de Fátima, que justamente fue para las familias, bien sabía ella lo que necesitaban. Creo que el puente que nos une, desde una mano Portugal y desde la otra España, fue esa aparición donde todo se reviste de una palabra, podría decir: oración, oración, oración”.

Y concreta: “Es volver a mirar a la Virgen; es volver a pedirle, suplicarle que nos ayude en estos tiempos. Vino a eso. Dios la eleva a eso y tenemos que recuperarla. ¡Es fantástica! ¡Tenemos que recuperarla! ¡Es fantástica! ¡Estamos perdido sin Ella!”.

“Por eso creo que nos une esa Virgen de Fátima y esos tres pastorcitos: san Francisco, santa Jacinta y sor Lúcia. Son un ejemplo estos niños, sobre todo los que murieron enseguida, Jacinta y Francisco. ¡Qué verían ellos, cuando la Virgen les mostró… a dónde iban las almas que se condenaban…para que ellos dieran su vida por nosotros!”

“¡Yo soy una conversa! Estuve en Fátima, Portugal, hace poco tiempo y me emocioné en la tumba de Jacinta. Recuerdo que lloraba. Le decía: Tú, una niña de 7 años, diste la vida para que yo hoy pudiera tener vida. ¡Gracias!”

Desde luego, en María del Himalaya se intuye una gran vida interior, alimentada de un trato constante y profundo con Dios y su santísima Madre. Aquí queda su testimonio.  

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